Para muchos estudiantes de inglés, equivocarse se siente como fracasar.
Un tiempo verbal mal usado.
Una palabra que no encaja.
Un silencio incómodo a mitad de frase.
Pero cometer errores no significa que hables mal inglés. Significa que estás aprendiendo.
De hecho, equivocarse es una de las formas más rápidas y eficaces de mejorar.
“Aprender es equivocarse muchas veces.”
— Jean Piaget
Aprendemos a través del ensayo y error
Piensa en cómo aprendiste tu lengua materna.
Nadie te explicó la gramática.
Nadie te corrigió cada frase.
Probaste, te equivocaste, repetiste… y seguiste adelante.
Así aprende el cerebro humano:
a través del ensayo y error.
Sin embargo, cuando aprendemos inglés de adultos, solemos hacer justo lo contrario:
- Esperamos a “estar preparados”
- Evitamos hablar por miedo a equivocarnos
- Pensamos demasiado cada frase
Y eso frena el aprendizaje.
Los errores crean memoria
Hay algo muy interesante:
recordamos mucho mejor lo que va unido a una emoción.
Quizá alguna vez:
- Dijiste algo que sonó raro
- Usaste una palabra equivocada en una conversación real (la classica de ´I am constipated´!)😂
- Te diste cuenta del error justo después de decirlo
Esos momentos no se olvidan.
¿Por qué?
Porque el cerebro recuerda experiencias, no explicaciones.
Por eso muchos de nuestros estudiantes dicen:
“Esa palabra ya no se me olvida nunca.”
No porque la estudiaran, sino porque la usaron, se equivocaron y aprendieron del momento.
El problema del aprendizaje tradicional
Muchos alumnos pasan años estudiando inglés:

- Gramática
- Vocabulario
- Ejercicios
Pero cuando llega el momento de hablar… se bloquean.
¿La razón?
En muchas clases se enseña a evitar errores, no a comunicarse.
Los estudiantes aprenden a:
- Esperar antes de hablar
- Buscar la frase perfecta
- Tener miedo a equivocarse
El resultado:
mucho conocimiento, poca confianza.
Por qué la inmersión marca la diferencia
En un entorno de inmersión pasa algo distinto.




Escuchas inglés constantemente.
Lo usas en situaciones reales.
Respondes sin tiempo para traducir.
Y, lo más importante: te sientes cómodo para probar.
En nuestros cursos de inmersión, muchos estudiantes dicen lo mismo:
“Sabía más inglés del que pensaba, solo que no lo usaba.”
Cuando empiezan a hablar sin miedo, descubren que:
- Los errores no bloquean la comunicación
- La gente les entiende igual
- Cada fallo les ayuda a mejorar más rápido
Esos pequeños momentos —a veces divertidos, a veces incómodos— se convierten en aprendizajes que no se olvidan.
La confianza viene después, no antes
Un error muy común es pensar:
“Hablaré más cuando tenga más confianza.”
Pero la confianza no aparece primero.
Llega después de haber hablado, de haberse equivocado y de comprobar que no pasa nada.
Cada vez que:
- Pruebas una expresión nueva
- Te lanzas a hablar sin traducir
- Te equivocas y sigues adelante
Tu cerebro empieza a pensar en inglés, no sobre el inglés.
Y ahí es donde empieza la verdadera fluidez.



Aprender requiere sentirse cómodo para fallar
Las personas aprenden mejor cuando se sienten:
- Relajadas
- Acompañadas
- Libres para equivocarse
Por eso la inmersión funciona tan bien cuando el ambiente es cercano y humano, no académico.
Cuando los estudiantes se sienten cómodos:
- Arriesgan más
- Hablan con más naturalidad
- Recuerdan mejor lo aprendido
Y el inglés deja de ser una asignatura…
para convertirse en una herramienta real.



En resumen: el problema no son los errores
El problema es evitarlos.
Si quieres mejorar tu inglés más rápido, no busques la perfección.
Busca ser curioso, valiente y constante.
Porque cada error es una señal clara de que estás haciendo lo más importante:
USAR EL IDIOMA.
Y ahí es donde empieza el verdadero progreso.
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